Voy a hablaros de mi hermano Jaime y su relación con las bicicletas.
En mi casa tuvimos la clásica época infantil en la que nos pedíamos a los Reyes Magos una bicicleta de regalo. Mi hermano Manuel tenía la gris y morada; Javi, la azul, y yo la amarilla. Pero a Jaime nunca se le ocurrió pedir semejante regalo ya que decidió que lo más cómodo, fácil y sencillo era razonar de este modo: "si no tengo bicicleta me adueñaré de la de mis hermanos hasta el punto de que tengan que pedirme permiso a mi para usar sus bicis".
Ésto es sólo el comienzo de la trágica historia:
Primero se adueñó de la de mi hermano Manuel, eso no fue tarea difícil puesto que Manu al estar en el otro extremo del mundo no podía reclamársela ni quejarse del uso que Jaime realizaba.
Un viernes vuestro querido blogger se fue a la plaza de los patos en bici, dejándola ahí encadenada a una farola. Sin embargo, tras irse a tomar unas cervecitas con sus amigotes, volvió a casa en el coche de uno de ellos.
Dos días después mi padre al ver que la bici no estaba en el trastero le pregunto: "Jaime, ¿dónde esta la bici de Manu?". A lo que él, con la total indiferencia y despreocupación que le caracterizan, contesto: "No está aquí Papá, me la dejé en el centro".
Lógicamente después de tres días aparcada en la plaza la bici no estaba. Javi y yo nos reímos de él durante tres o cuatro días. Jaime reaccionó con todo el mal humor del mundo, teniendo como base de sus argumentos: "Yo no voy por ahí robando bicicletas".
Querido hermano, tu tal vez no, pero los yonkis del centro sí. Piénsalo.
Esta es la historia de la bici de Manu. Nosotros pensábamos que al menos había servido para que Jaime aprendiera, pero no fue así.
La segunda bici que se convirtió en suya fue la de Javi. Esta bicicleta duró algún tiempo pero no sin darnos ningún susto; ya que un día al salir del campo del Levante se la encontró sin una rueda.
Seguro que recordáis la foto.
Posteriormente se olvidó la bici en el pabellón de Alboraia la cifra de 5 días con sus noches. Aunque parezca mentira, la bici sobrevivió. Pero con estos antecedentes no podia pasar otra cosa que se la robaran.Ocurrió en la puerta del colegio Maristas, mientras él entrenaba. Es bastante lógico, porque si A es a B, zona de pijos y ricos es a zona de chungos que atracan y roban a este tipo de personas. Hablando de Maristas: en ese mismo colegio le quitó el coche la grúa dos días seguidos. Que sería mala suerte de no ser porque los dos días lo aparcó en el mismo sitio.
También se enfadaba cuando Javi y yo nos reiamos de él por eso. Con toda razón.
Por último parecía que le tocaba adueñarse de mi bici, pero esto nunca ocurrió. Debió pensar que era demasiado fácil dado que soy su hermano pequeño. Pero creo que nunca lo hizo debido a que mi bici es de chica; y una persona con su reputación, estudios y trabajo de publicista no puede permitirse ciertos lujos como este (que pensarían de él).
Entonces se propuso nuevos retos "me adueñaré de la bici de mi padre". Yo me di cuenta que lo había conseguido, cuando mi padre quería irse un rato el sábado a hacer carretera y le pedía permiso a Jaime para utilizarla. En ese momento lo supe: antes o después esa bici desaparecería y así ha sido.
Fue hace dos días en la puerta de ESIC. A la salida de clase. Bueno, espera, que fuera clase es complicado. ¿Qué hacía entonces en Esic? En fin. Eso nunca lo sabremos.
Pero lo que es evidente es que la bici ya no está.
Hoy escribo este post para pedir apoyo a todas las personas que puedan evitar que este hombre, Jaime Aguiló, se adueñe de mi bici amarilla de chica y la pierda, se la roben o se la deje olvidada en algún lugar de la ciudad.
Os pido soluciones: ¿Creéis que debería comprarse una bici propia? A lo mejor así valora lo que supone la pérdida. ¿Debería comprase un bono de metro para desplazarse por la ciudad? ¿Utilizar el taxi, tal vez? ¿Que vaya andando a los sitios?
No lo sé, la verdad. Creo que no tiene remedio.
Por lo menos, aunque en el tema bicis no mejore, lo está haciendo en otros aspectos. El otro día le hablé mientras él estaba mirando la pantalla del portátil y... ¡LEVANTÓ LA CABEZA! No me lo pude creer. Sin duda, todo un rayo de esperanza.
Sin más, me despido.
Siempre vuestro,
Jesús Aguiló.






